
Artículo de Investigación
EL PAPEL DE LA PSICOPATÍA EN LA VIOLENCIA DE PAREJA:
UNA REVISIÓN SISTEMÁTICA
Ángela Mateos Valle
Facultad de Psicología Universidad de Granada
Licenciada en Psicología
José María Palomares-Rodríguez
Unidad de Psicología Jurídica y Forense, Spin-off de la Universidad de Granada
Máster Oficial en Psicología Jurídica y Forense
https://orcid.org/0000-0002-7357-0587
Raúl Quevedo-Blasco
Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC)
Universidad de Granada
Doctor en Psicología
rquevedo@ugr.es - https://orcid.org/0000-0001-7350-5374
https://scholar.google.com/citations?user=AWjBRVkAAAAJ&hl=es
Recibido 10/04/2026
Aceptado 08/06/2026
Publicado 30/06/2026
doi: https://doi.org/10.64217/logosguardiacivil.v4i2.8946
Cita recomendada: Mateos, Á., Palomares, J. M. y Quevedo, R (2026). El papel de la psicopatía en la violencia de pareja: una revisión sistemática. Revista Logos Guardia Civil, 4(2), pp. 253-280
https://doi.org/10.64217/logosguardiacivil.v4i2.8946
Licencia: Este artículo se publica bajo la licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND 4.0)
Depósito Legal: M-3619-2023
NIPO en línea: 126-23-019-8
ISSN en línea: 2952-394X
EL PAPEL DE LA PSICOPATÍA EN LA VIOLENCIA DE PAREJA:
UNA REVISIÓN SISTEMÁTICA
Sumario: 1. INTRODUCCIÓN. 2. METODOLOGÍA. 3.RESULTADOS. 3.1.Asociación entre Psicopatía y Perpetración de VPI. 3.2. Relación Diferencial entre las Dimensiones de Psicopatía y los Tipos de Violencia. 3.3. Vínculo entre Rasgos Psicopáticos y Gravedad de VPI. 3.4. Diferencias en la Frecuencia y Reincidencia según las Facetas de la Psicopatía. 4. DISCUSIÓN. 5. CONCLUSIONES. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.
Resumen: La violencia de pareja íntima (VPI) constituye un problema de salud pública con graves consecuencias físicas, psicológicas y sociales. Entre los factores individuales asociados a su perpetración, la psicopatía ha adquirido especial relevancia en los últimos años. El presente estudio tiene como objetivo actualizar y analizar la evidencia empírica publicada, desde el año 2017 hasta 2025, sobre la relación entre los rasgos psicopáticos y la violencia de pareja. Se realizó una revisión sistemática siguiendo las directrices PRISMA. La búsqueda se efectuó en las bases de datos Scopus, Web of Science y en la plataforma ProQuest, aplicando criterios PICOS previamente definidos. Se incluyeron 20 estudios cuantitativos con una muestra de 7.706 adultos procedentes de contextos clínicos, comunitarios y forenses. Los resultados muestran una asociación significativa entre psicopatía y VPI, especialmente cuando se analizan de forma diferenciada las dimensiones del constructo. La psicopatía primaria se vincula principalmente con violencia instrumental y estrategias de control, mientras que la psicopatía secundaria se asocia con violencia impulsiva y mayor riesgo de reincidencia. Asimismo, se identifican perfiles diferenciados de agresores en función de las facetas psicopáticas predominantes. Se discuten las implicaciones clínicas y forenses derivadas de estos hallazgos, así como las limitaciones metodológicas de la literatura actual. En conjunto, los resultados respaldan la importancia del análisis dimensional de la psicopatía para comprender la heterogeneidad de la VPI.
Abstract: Intimate partner violence (IPV) constitutes a public health problem with serious physical, psychological, and social consequences. Among the individual factors associated with its perpetration, psychopathy has gained particular relevance in recent years. The present study aims to update and analyze the empirical evidence published between 2017 and 2025 on the relationship between psychopathic traits and intimate partner violence. A systematic review was conducted following the PRISMA guidelines. The search was conducted in the Scopus, Web of Science databases and on the ProQuest platform, applying pre-defined PICOS criteria. Twenty quantitative studies were included, comprising a total sample of 7,706 adults from clinical, community, and forensic settings. The results show a significant association between psychopathy and IPV, especially when the dimensions of the construct are analyzed separately. Primary psychopathy is mainly linked to instrumental violence and control strategies, while secondary psychopathy is associated with impulsive violence and a higher risk of recidivism. Likewise, differentiated profiles of aggressors are identified based on the predominant psychopathic facets. The clinical and forensic implications derived from these findings are discussed, as well as the methodological limitations of the current literature. Overall, the results support the importance of the dimensional analysis of psychopathy to understand the heterogeneity of IPV.
Palabras clave: trastornos psicopatológicos, violencia de pareja íntima, dimensiones psicopáticas, reincidencia, revisión sistemática
Keywords: psychopathological disorders, intimate partner violence, psychopathic dimensions, recidivism, systematic review
ABREVIATURAS
AQ-RSV = Aggression Questionnaire-Revised Swedish Version
ASP = Aggression Subscale of the Physical Aggression Scale
BIS-11 = Barratt Impulsiveness Scale-11
BPD = Borderline Personality Disorder (Trastorno Límite de la Personalidad)
CAB = Conflict Assessment Battery
CASP: Critical Appraisal Skills Programme
CTS2 = Conflict Tactics Scale-2
ENHVdG = Encuesta Nacional de Homicidio de Violencia de Género
EPA-SSF = Externalizing Personality Assessment Short Form
ICU = Inventory of Callous-Unemotional Traits
IVC = Inventario de Violencia de Pareja
LHA = Life History of Aggression
LSRP = Levenson Self-Report Psychopathy Scale
MACH-IV = Machiavellianism Scale-IV
MCMI-III = Millon Clinical Multiaxial Inventory-III
MJS = Multidimensional Jealousy Scale
NPI = Narcissistic Personality Inventory
PAI-BOR = Personality Assessment Inventory–Borderline Features Scale
PCL-R = Psychopathy Checklist-Revised
PCL:SV = Psychopathy Checklist: Screening Version
PCL:YV = Psychopathy Checklist: Youth Version
PICOS: Población, Intervención, Comparación, Outcome (Resultados), Study design (Diseño de estudio)
PID-5 = Personality Inventory for DSM-5
PPPAS = Prisoner Perceptions of Prison Adjustment Scale
PRISMA: Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses
PRQC = Perceived Relationship Quality Components Inventory
PPI-SF = Psychopathic Personality Inventory–Short Form
RPQ = Reactive-Proactive Aggression Questionnaire
RCSI = Romantic Conflict Style Inventory
SCR = Skin Conductance Response
SCID-II-PQ = Structured Clinical Interview for DSM-IV Axis II Personality Disorders–Personality Questionnaire
SCIRS = Sexual Coercion Inventory–Revised Short
SOI-R = Sociosexual Orientation Inventory–Revised
SRP: SF = Self-Report Psychopathy Scale–Short Form
SRP-III = Self-Report Psychopathy Scale-III
STAI = State-Trait Anxiety Inventory
TLS = Triangular Love Scale
TriPM = Triarchic Psychopathy Measure
VPI = Violencia de Pareja Intima
VPR = Violencia de Pareja Registrada
1. INTRODUCCIÓN.
La violencia de pareja íntima (VPI), también denominada violencia doméstica, hace referencia a los comportamientos ejercidos por una pareja íntima o expareja que pueden causar daño físico, sexual o psicológico (Stewart et al., 2021). Estos engloban cualquier forma de agresión, ya sea física, sexual, psicológica o de control (Centers for Disease Control and Prevention, 2024). Algunos autores han ampliado esta definición para incorporar otras formas de violencia como el acoso, el abuso financiero (Breiding et al., 2015) o el cibercontrol (Niehaus et al., 2025). La VPI representa un grave problema de salud pública a nivel global, contribuyendo tanto a la morbilidad como a la mortalidad mundial y transgrediendo los derechos humanos fundamentales (World Health Organization, 2019). Según la evidencia existente, se estima que más del 25% de las mujeres de entre 15 y 49 años han sufrido algún episodio de VPI en su vida, con un notable aumento en su incidencia tras la pandemia por COVID-19 (World Health Organization, 2024).
La VPI se ha conceptualizado tradicionalmente como un acto violento cometido por hombres hacia mujeres. Sin embargo, investigaciones recientes han evidenciado que este fenómeno afecta a todos los géneros, niveles socioeconómicos, edades y orientaciones sexuales (Ali et al., 2016; Gerino et al., 2018; Halty et al., 2023; Wasarhaley et al., 2017). En Estados Unidos, aproximadamente el 41% de mujeres y 26% de hombres han experimentado violencia sexual, física o acoso; y más de 61 millones de mujeres y 53 millones de hombres han sido víctimas de VPI psicológica (Centers for Disease Control and Prevention, 2024). Según datos de la Office for National Statistics (2016), en Reino Unido las mujeres tienen el doble de probabilidades que los hombres de ser víctimas de alguna forma de VPI. Esto subraya la necesidad de adoptar una perspectiva inclusiva en el estudio de la VPI que permita abordar las experiencias de todos los grupos afectados.
Diversos factores de riesgo comunitarios, familiares e individuales se han asociado a la perpetración de VPI, entre ellos el abuso de sustancias, el nivel de apoyo social, la exposición previa a violencia familiar, el nivel educativo, las dificultades económicas y el abuso infantil (Robertson et al., 2020). No obstante, en los últimos años, los rasgos psicopáticos han emergido como una variable particularmente relevante debido a su fuerte asociación con diversos comportamientos delictivos, siendo predictores significativos de conductas violentas y antisociales (De Brito et al., 2021; Sica et al., 2023). La psicopatía es considerada un trastorno grave de la personalidad caracterizado por una combinación de síntomas afectivos, interpersonales y conductuales; y que se manifiesta a través de una falta de empatía o remordimiento, manipulación interpersonal e impulsividad (Burghart y Mier, 2022; De Brito et al., 2021).
En este contexto, resulta especialmente relevante analizar la estructura interna de la psicopatía para comprender su asociación con este tipo de violencia. En primer lugar, la psicopatía general (también referida como global o total) alude al constructo integral que abarca la totalidad de los déficits de personalidad y conductas disruptivas. Para su estudio empírico, el modelo bifactorial propuesto por Hare concibe la psicopatía como un concepto multidimensional compuesto por dos grandes factores: el Factor 1 (equivalente a la psicopatía primaria), que engloba los aspectos afectivos e interpersonales, y el Factor 2 (equiparable a la psicopatía secundaria), relacionado con un estilo de vida impulsivo y conductas antisociales (Hare y Neumann, 2008). El Factor 1 abarca las facetas interpersonales, caracterizada por el egocentrismo, la manipulación y el encanto superficial; y afectiva, caracterizada por una profunda insensibilidad emocional y déficit empático (Burghart y Mier, 2022; De Brito et al., 2021; Douglas et al., 2015). El Factor 2 abarca la faceta del estilo de vida, caracterizada por impulsividad e irresponsabilidad; y la faceta antisocial, que incluye comportamientos delictivo y violación de las normas sociales (De Brito et al., 2021; Douglas et al., 2015). En línea, el modelo triárquico de la psicopatía (Patrick et al., 2009) ofrece una perspectiva complementaria al descomponer la psicopatía en tres dimensiones: audacia (boldness), vinculada al factor 1; mezquindad (meanness) y desinhibición (disinhibition), relacionadas con las características del factor 2. Estas dimensiones se han relacionado de manera diferencial con la VPI. Estudios recientes demuestran que los rasgos del Factor 2 se asocian con mayor probabilidad de conductas violentas y reincidentes, mientras que los del Factor 1 están relacionados con una violencia más instrumental, estratégica y resistente al tratamiento (Fernández-Suárez et al., 2018; Robertson et al., 2020). Esta diferenciación resulta esencial para comprender la naturaleza heterogénea de los agresores en contextos de violencia íntima y para diseñar intervenciones más eficaces.
La evidencia sugiere que los individuos con rasgos psicopáticos tienen una mayor probabilidad de perpetrar VPI, tasas más altas de reincidencia y mayores dificultades frente a programas de tratamiento (McDonagh et al., 2024; Robertson et al., 2020). En los últimos años, la investigación sobre la relación entre la psicopatía y VPI ha evolucionado, incorporando nuevas aproximaciones teóricas y metodológicas que no fueron plenamente abordadas en revisiones anteriores como las de Fernández-Suárez et al. (2018) y Robertson et al. (2020). Estos trabajos identificaron diversas limitaciones en la literatura existente como la heterogeneidad de las herramientas utilizadas para evaluar la psicopatía, la inclusión indiscriminada de rasgos antisociales o criminales en la definición de psicopatía y la falta de análisis diferenciados según las dimensiones específicas de la psicopatía. Frente a estas limitaciones, el objetivo de la presente investigación es actualizar la evidencia empírica disponible desde el año 2017 y examinar de manera diferenciada cómo las distintas dimensiones de la psicopatía se asocian con la gravedad, frecuencia y tipología de VPI; complementando los hallazgos de Fernández-Suárez et al. (2018).
La pregunta de investigación que guía esta revisión sistemática, formulada conforme al modelo PICOS (Richardson et al., 1995), se centra en determinar si, en adultos que han perpetrado violencia física, psicológica o sexual contra sus parejas, la presencia de dimensiones específicas de la psicopatía, evaluada mediante instrumentos validados se asocia de forma diferenciada con la perpetración, frecuencia, gravedad o tipo de violencia de pareja, considerando exclusivamente estudios empíricos de carácter cuantitativo.
Actualizar y ampliar el conocimiento disponible en esta área resulta crucial para comprender los factores individuales implicados en la VPI, así como para el diseño de intervenciones específicas y eficaces. En este sentido, el análisis del papel diferencial de los rasgos psicopáticos en agresores puede ofrecer aportaciones relevantes tanto para el avance de la investigación como para su aplicación en los ámbitos clínico y forense.
2. METODOLOGÍA.
La presente revisión sistemática se llevó a cabo siguiendo las directrices metodológicas establecidas por la declaración PRISMA 2020 (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses; Page et al., 2021), con el objetivo de identificar y analizar estudios empíricos que examinaran la relación entre los rasgos psicopáticos y la perpetración de violencia de pareja (intimate partner violence, IPV). Esta revisión busca actualizar la evidencia disponible desde diciembre de 2017 hasta la actualidad, complementando y actualizando la revisión previa de Fernández-Suárez et al. (2018).
La búsqueda bibliográfica se realizó en abril de 2025 en tres bases de datos: Scopus, ProQuest y Web of Science Core Collection. Se empleó una estrategia de búsqueda combinada utilizando los siguientes términos en todas las bases: (Psychopathy OR Psychopathic OR Psychopath OR "Psychopathic traits") AND ("Intimate Partner Violence" OR "IPV" OR "Partner abuse" OR "Partner violence" OR "Relationship violence" OR "batterers" OR "Spous abuse" OR "Spous* violence" OR "Family Violence" OR "Domestic Violence" OR "Domestic Abuse"). Se filtraron los resultados para incluir únicamente artículos científicos publicados desde diciembre de 2017 hasta abril de 2025, sin restricciones de idioma.
Para la selección de los estudios, se establecieron los siguientes criterios de inclusión: investigaciones empíricas de carácter cuantitativo; muestras de población adulta (hombres y mujeres) que hubieran perpetrado violencia física, psicológica o sexual hacia sus parejas; evaluación de las dimensiones específicas de la psicopatía mediante instrumentos psicométricos validados como el Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R), el Psychopathy Checklist: Screening Version (PCL:SV), el Psychopathic Personality Inventory-Revised (PPI-R), la Self-Report Psychopathy Scale (SRP) o el Triarchic Psychopathy Measure (TriPM); y análisis directo de la relación entre los rasgos psicopáticos y la VPI, considerando la frecuencia, gravedad o tipo de violencia ejercida. Se incluyeron estudios que evaluaran la reincidencia como medida indirecta de la frecuencia de la violencia, así como investigaciones sobre homicidio de pareja por considerarse expresiones extremas de violencia física. Se excluyeron estudios de naturaleza cualitativa, teórica, revisiones, metaanálisis, tesis o editoriales, así como investigaciones centradas exclusivamente en adolescentes, víctimas, menores expuestos a violencia, niños o profesionales clínicos o forenses. Asimismo, se excluyeron investigaciones que no evaluaran directamente la asociación entre rasgos psicopáticos y VPI. En los casos en los que un mismo artículo incluyó varios estudios, únicamente se consideraron aquellos que cumplían con los criterios de inclusión definidos.
El proceso de selección de los estudios se realizó conforme a las fases establecidas en el modelo PRISMA 2020 (Page et al., 2021). El flujo detallado del proceso se presenta en la Figura 1.
Figura 1
Diagrama de flujo siguiendo el modelo PRISMA 2020

Para garantizar la fiabilidad del proceso de selección de estudios, se llevó a cabo una revisión por pares, en la que dos jueces independientes examinaron de forma autónoma los registros identificados, alcanzando un nivel de concordancia excelente (κ = .76). Asimismo, se aplicó un procedimiento de doble codificación para verificar la fiabilidad de la extracción de datos, obteniéndose una media de los índices de fiabilidad de .84, lo que indica un nivel de acuerdo bueno según los estándares convencionales (Orwin, 1994).
La evaluación de la calidad metodológica de los estudios incluidos en esta revisión se llevó a cabo mediante herramientas seleccionadas en función del diseño de investigación de cada artículo. La mayoría de los estudios fueron de tipo cuantitativo con estrategia asociativa, por lo que se utilizó la lista de verificación del Critical Appraisal Skills Programme (CASP, 2024) en su versión específica de cohortes para los estudios transversales. En el caso de estudios con diseño de casos y controles (Brzozowski et al., 2021; Collison y Lynam, 2023; Fox et al., 2022; Halty et al., 2023; Santos-Hermoso et al., 2022), se aplicó la versión específica de CASP para estudios caso-control (CASP, 2024). El estudio de Babcock y Michonski (2019) fue evaluado mediante la lista de verificación de CASP adaptada a estudios experimentales en psicología (CASP, 2024). Finalmente, los estudios de Shaffer et al. (2021) y Verdugo-Martínez et al. (2025) con un diseño de cohorte longitudinal se evaluaron mediante la Checklist 3 (Cohort studies del Scottish Intercollegiate Guidelines Network; SIGN, 2019) para estudios de cohortes. Tras aplicar las respectivas listas de verificación, se concluyó que todos los artículos presentaban una calidad metodológica global entre media y alta, por lo que no se excluyó ninguno de ellos en función de este criterio.
3. RESULTADOS.
Los estudios incluidos en esta revisión involucran a 7.706 participantes (5.476 hombres, 2.230 mujeres) en 22 estudios con adultos, reclutados en centros forenses (k = 8), comunidad (k = 11) o una combinación de entornos (k = 3). Los estudios se realizaron en Estados Unidos (k = 7), Reino Unido (k = 2), España (k = 4), Portugal (k = 3), Suecia, Canadá y Italia (cada uno k = 1), o una combinación de dos países (k = 3). Por lo tanto, el 45.8% de los estudios incluyeron muestras europeas. En la Tabla 1 se presenta un resumen de las características y resultados principales de los estudios revisados.
Tabla 1
Resumen de las características de los estudios incluidos en la
revisión
|
Estudios (año)* |
Muestra |
Instrumentos de evaluación |
Tipo de violencia |
Resultados |
|
Babcock y Michonski (2019) |
N = 79 100% hombres País: EE. UU. M edad = 29.9 (19–52) Muestra comunitaria |
PPI-SF (Factor 1 y 2) PAI-BOR CTS2 (violencia física, psicológica, sexual) Reconocimiento de emociones + SCR |
Física |
Psicopatía secundaria (r = .30) y BPD (r = .20) se asocian con mayor violencia; psicopatía primaria no correlaciona con VPI |
|
Brassard et al. (2022) |
N = 226 100% hombres País: Canadá M edad = 34.18 (18–69) Muestra clínica/comunitaria |
LSRP (psicopatía primaria y secundaria) CTS2 |
Física, psicológica y sexual (con distinción por severidad) |
Psicopatía secundaria predice mayor VPI psicológica y sexual (β = .26, p < .01); primaria se asocia negativamente con VPI física severa (β = −.19, p < .05) |
|
Brazil et al. (2023) |
N = 286 participantes 50% hombres 50% mujeres País: EE. UU. y Canadá Hombres: M = 27.2 (18-60) Mujeres: M = 25.8 (18-58) Muestra comunitaria |
SRP: SF SCIRS (coerción sexual) MJS (celos) |
Sexual (coerción) |
Psicopatía total predice coerción sexual mediada por celos sospechosos (β = .17 y .15) |
|
Brzozowski et al., 2021 |
Est. 1: N = 443 100% mujeres País: Reino Unido M edad = 19.37 (18-45) Muestra comunitaria |
CTS2 LSRP PCL-R STAI MCMI-III
|
Física |
Solo la psicopatía secundaria fue significativamente más alta en las perpetradoras de violencia (U = 17,433.5, p = .005, r = −.14) |
|
|
Est. 2: N = 92 100% mujeres País: Reino Unido M edad =19.09 (18-28) Muestra comunitaria |
CTS2 TriPM (mezquindad, desinhibición, audacia) RPQ |
Física |
Las agresoras puntuaron más alto en las escalas de mezquindad (U = 2249.5, p = .014) y audacia (U = 2300.5, p = .040), Con niveles altos tanto en agresión reactiva como proactiva |
|
Collison y Lynam (2023) |
N = 307 54.7% mujeres 45.3% hombres País: EE. UU. M edad = 39.4 Muestra comunitaria |
EPA-SSF PID-5 CTS2 RPQ CAB SCID-II-PQ |
Física y psicológica |
EPA total correlaciona con VPI física (r = .22), psicológica (r = .23), y proactiva (r = .48) |
|
Cunha, Braga et al. (2021) |
N = 152 100% hombres País: Portugal M edad = 42.8 (22–70) Muestra forense y libertad condicional |
PCL-R (total y 4 facetas) IVC (violencia física y psicológica) |
Física y psicológica |
Faceta afectiva predice mayor frecuencia de VPI (β = .239, p < .05) y se relaciona positivamente con la puntuación total de IVC (β = - .673, p = .502) |
|
Cunha et al. (2024) |
N = 245 100% hombres País: Portugal M edad = 44.14 (22–81) Muestra forense y comunitaria |
PCL-R IVC |
Física y psicológica |
Correlación positiva psicopatía y frecuencia VPI (total, física y psicológica); faceta interpersonal correlaciona significativamente con frecuencia VPI psicológica |
|
Cunha, Pinheiro et al. (2021) |
N = 279 100% hombres; País: Portugal M edad = 44.29 (22–81) Muestra forense y comunitaria |
PCL-R IVC |
Reincidencia Física y psicológica |
Faceta antisocial del PCL-R predice reincidencia general (OR = 1.71) y reincidencia en VPI (OR = 2.00) |
|
Fox et al. (2022) |
N = 99 (57 VPI, 42 violentos no-VPI) 100% hombres País: EE. UU. M edad = 32.4 Muestra forense Grupo comparación |
PCL-R Entrevistas de historial de vida Test neuropsicológicos |
Física (presencia/ausencia de VPI) |
Faceta interpersonal (Factor 1) se asocia negativamente con pertenencia al grupo de VPI (r ≈ −.27); no diferencias en otras facetas |
|
Golmaryami et al. (2021) |
N = 216 77% mujeres 23% hombres País: EE. UU M edad = 22.93 (18–50) Muestra comunitaria |
ICU CTS2 SOI-R RCSI PRQC |
Física |
Los rasgos CU predicen VPI física (β = .15, p < .05), dominancia (β = .47, p < .001) y menor satisfacción relacional (β = −.19) |
|
Gómez et al. (2021) |
N = 92 100% hombres; País: España M edad = 40.33 (22–61) Muestra forense |
PCL-R (reagrupado en 6 factores) Entrevistas estructuradas |
Física (agresión grave, intento o consumo de homicidio) |
Factores de criminalidad pasada, impulsividad y manipulación predicen mayor implicación en VPI (modelo R² = .53) |
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Halty et al. (2023) |
N = 76 100% hombres País: España M edad = 48 (20–86) Muestra forense |
PCL-R (total, factores y facetas) ENHVdG |
Homicidio de pareja |
Homicidio asociado a puntuaciones altas en Factor I y bajas en Factor II (p < .0001, d = .85), especialmente con puntuaciones altas en la faceta afectiva (M = 5.17, SD = 2.68) |
|
Hoffmann y Verona (2021) |
N = 300 57% hombres 43% mujeres País: EE. UU. M edad = 34.8 (18–62) Muestra comunitaria con historial judicial/sustancias |
PCL:SV (4 facetas) CTS2 (coerción sexual y violencia física) |
Sexual (coerción) y física como covariable |
Mujeres: faceta interpersonal predice coerción total y menor (IRR = 1.50 y 1.45, respectivamente) y antisocial predice coerción sexual severa (IRR = 2.56) Hombres: faceta interpersonal correlaciona con coerción total (r = .19 p < .05) |
|
Mejia et al. (2020) |
Est. 2: N = 125 53% mujeres 47% hombres País: EE. UU M edad = 36.74 Muestra comunitaria |
TriPM TLS CTS2 SOI |
Física y psicológica |
Mezquindad y desinhibición predicen VPI física (B = .27 y .31, respectivamente) y psicológica (B = .32 y .35, respectivamente) |
|
Plouffe et al. (2022) |
Est. 1: N = 399 (109 hombres, 290 mujeres) País: Canadá y EE. UU. M edad = 18.74 (18-34) Muestra comunitaria |
SRP-III (Factor 1 y 2) CTS2 NPI MACH-IV ASP
|
Física y psicológica |
Factor 2 psicopatía predice VPI psicológica (IRR = 1.40) y mayor frecuencia tanto en física (β = .22, p < .01) como psicológica (β = .38, p < .001) |
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|
Est. 2: N = 360 (153 hombres, 207 mujeres) País: Canadá y EE. UU. M edad = 34.39 (18-73) Muestra comunitaria |
SRP-III CTS2 NPI MACH-IV ASP |
Severidad de violencia física |
Factor 2 predice mayor severidad en la VPI física (β = .21, p = .004) |
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Santos-Hermoso et al. (2022) |
N = 97 100% hombres País: España M edad = 46.4 (20–86) Muestra forense |
PCL-R (4 facetas) VPR Base de datos ENHVdG |
Física (letal), psicológica, control (económico/laboral) |
Puntuaciones altas en Factor 2 y faceta antisocial se asocian con mayor probabilidad de VPI, especialmente psicológica (p = .043 y p = .001 respectivamente) |
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Shaffer et al. (2021) |
N = 885 100% hombres País: EE. UU Seguidos de 18 a 25 años Muestra forense |
PCL: YV (psicopatía juvenil) Autoinformes anuales |
Física |
Factor 2 (impulsividad/antisocial) predice pertenencia a grupo de alta VPI (OR = 1.12, p = .013) |
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Sica et al. (2023) |
N = 1,149 45.8% mujeres 54.2% hombres País: Italia M edad = 31.3 Muestra comunitaria |
TriPM Cuestionario adaptado del tNISVS |
Física y psicológica |
Desinhibición predice VPI física (β = 1.00) y psicológica (β = 1.10); Mezquindad predice VPI en mujeres (β = .64 psicológica y .97 física); Audacia se asocia negativamente con VPI psicológica |
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Sjödin et al. (2018) |
N = 171 100% hombres País: Suecia M edad = 21.9 (18–25) Muestra forense (jóvenes en prisión) |
PCL-R PPPAS AQ-RSV LHA |
Física y psicológica |
Factor 2 (estilo de vida/antisocial) significativamente más alto en clúster de alta violencia (d = .98); asociación con frecuencia y severidad |
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Verdugo-Martínez et al. (2025) |
N = 1628 100% hombres País: España M edad = 38.99 (20–82) Muestra forense |
LSRP (psicopatía primaria y secundaria) BIS-11 MSI-BPD |
Reincidencia en VPI (no tipo específico de violencia) |
Psicopatía primaria incrementa el riesgo de reincidencia en 2% por cada punto de psicopatía; impulsividad en 3% (modelo de Cox) |
* Los estudios se presentan por orden alfabético, atendiendo al apellido del primer autor.
Nota. En la sección de “abreviaturas” se puede ver el significado de cada una de las que aparecen en la tabla.
3.1. ASOCIACIÓN ENTRE PSICOPATÍA Y PERPETRACIÓN DE VPI.
Los resultados confirman la existencia de asociaciones significativas entre la psicopatía y la perpetración de VPI en línea con lo señalado por Robertson et al. (2020). Fox et al. (2022) encontraron que los agresores de pareja presentaban puntuaciones significativamente más altas en psicopatía total (W = 850.0, p < .05, r = –.25) en comparación con otros delincuentes violentos. La evidencia empírica señala una relación significativa entre la puntuación total en psicopatía y la probabilidad de presentar trayectorias de violencia física persistente (Shaffer et al., 2021), así como correlaciones con agresiones físicas y psicológicas (Collison y Lynam, 2023; Santos-Hermoso et al., 2022).
Por otro lado, la investigación de Cunha et al. (2024) mostró que la psicopatía global predecía de forma significativa la frecuencia de VPI (β = .13, p = .041), replicando hallazgos previos como los de Cunha, Braga et al. (2021) que evidenciaron que las puntuaciones totales del PCL-R predecían significativamente la frecuencia total de VPI y los de Brazil et al. (2023) que identificaron una asociación significativa entre psicopatía general y mayores niveles de coerción sexual. Se evidencia así que la psicopatía total se asocia de manera significativa con la perpetración de VPI, aunque la magnitud de esta puede fluctuar en función de las facetas específicas evaluadas, el tipo de violencia ejercida, el género del agresor y el contexto de evaluación.
3.2. RELACIÓN DIFERENCIAL ENTRE LAS DIMENSIONES DE PSICOPATÍA Y LOS TIPOS DE VIOLENCIA.
La literatura demuestra que la psicopatía global no siempre predice con precisión la VPI, siendo necesario descomponerla para identificar efectos diferenciales. Diversos estudios han analizado cómo las facetas específicas de la psicopatía se relacionan con los diferentes tipos de VPI (física, psicológica y sexual). Desde el modelo de Hare, la evidencia coincide en que el Factor 2 se vincula significativamente con la violencia física y psicológica (U = 17,433.5, p = .005, r = −.14; d = .98) (Brzozowski et al., 2021; Plouffe et al., 2022; Santos-Hermoso et al., 2022; Sjödin et al., 2018). La faceta interpersonal muestra asociaciones significativas con la violencia psicológica y la coerción sexual (Fox et al., 2022; Hoffmann y Verona, 2021). Además, los rasgos de dureza e insensibilidad emocional (callous-unemotional), considerados el componente afectivo de la psicopatía, se han asociado significativamente con la agresión física (β = .15, p < .05) (Golmaryami et al., 2021).
Desde el modelo triárquico de la psicopatía, también se han evidenciado relaciones diferenciadas según la dimensión evaluada. Las mujeres perpetradoras tendían a mostrar niveles elevados en mezquindad (U = 2249.5, p = .014, r = −.25) y audacia (U = 2300.5, p = .040, r = −.21) (Brzozowski et al., 2021; Mejia et al., 2020). De forma similar, Collison y Lynam (2023) encontraron que el antagonismo y la desinhibición correlacionan con la agresión psicológica (r = .27 y .22, respectivamente) y física (r = .26 y .30, respectivamente). Finalmente, Sica et al. (2023) destacaron que desinhibición constituía un predictor robusto de todos los tipos de VPI, mientras que audacia se asociaba negativamente con la violencia psicológica (β = –.23, IC 95% = –.30 a –.04).
3.3. VÍNCULO ENTRE RASGOS PSICOPÁTICOS Y GRAVEDAD DE VPI.
En relación con la gravedad de la VPI, Brassard et al. (2022) encontraron que la psicopatía primaria predijo las formas más severas de violencia psicológica (β = .189, p = .007) y sexual (β = .192, p = .003), mientras que la psicopatía secundaria se asoció únicamente con violencia psicológica menor (β = .173, p = .024). De acuerdo con los resultados presentados por Hoffmann y Verona (2021), en mujeres la faceta antisocial se vincula significativamente con coerción sexual severa y la interpersonal predice de forma significativa la coerción menor. En contextos de feminicidio, la evidencia empírica aportada por Halty et al. (2023) muestra que el Factor 1 fue significativamente más elevado entre los homicidas, especialmente en su componente afectivo (M = 5.17, DE = 2.68). Finalmente, Plouffe et al. (2022) identificaron el Factor 2 como único predictor significativo del uso de respuestas violentas severas en escenarios hipotéticos (β = .21, p = .004).
3.4. DIFERENCIAS EN LA FRECUENCIA Y REINCIDENCIA SEGÚN LAS FACETAS DE LA PSICOPATÍA.
Los resultados relativos a la frecuencia y reincidencia en VPI muestran un papel relevante de ciertas dimensiones psicopáticas. Se observa que tanto la faceta afectiva (β = .239, p < .05) como la puntuación total del PCL-R (β = .229, p < .01) son predictores significativos de la frecuencia total de violencia (Cunha, Braga et al., 2021), mientras que la faceta interpersonal se ha asociado específicamente con la frecuencia de violencia psicológica (r = .21, p < .01) (Cunha et al., 2024). Asimismo, la psicopatía secundaria ha sido relacionada con la frecuencia de violencia física (Babcock y Michonski, 2019). Estos hallazgos se ven reforzados por investigaciones que destacan que los jóvenes con altos niveles en el Factor 2 presentan patrones de violencia más frecuente y agresiva, prediciendo así trayectorias de violencia física elevada y persistente (OR = 1.12, p = .013) (Shaffer et al., 2021; Sjödin et al., 2018).
En cuanto a la reincidencia, Cunha, Pinheiro et al. (2021), identificaron la faceta antisocial como único predictor psicopático significativo de reincidencia de VPI (OR = 2.001, p < .01). De forma complementaria, Verdugo-Martínez et al. (2025) mostraron que la psicopatía primaria aumentaba el riesgo de reincidencia en un 2% por punto adicional, mientras que la impulsividad lo incrementaba en un 3%.
4. DISCUSIÓN.
Esta revisión tuvo como objetivo analizar la literatura existente sobre la relación entre psicopatía y VPI. Mientras que revisiones sistemáticas previas se han centrado en confirmar la asociación general innegable entre ambos constructos (Fernández-Suárez et al., 2018; Robertson et al., 2020), la aportación específica de este trabajo radica en la deconstrucción empírica de dicha relación a través de un análisis dimensional actualizado. Superar la visión de la psicopatía como un constructo unitario resulta crítico, ya que englobar todas las facetas bajo una puntuación global enmascara las dinámicas subyacentes de la agresión.
En este sentido, los resultados presentados refuerzan que no todas las facetas de la psicopatía contribuyen de igual forma ni se asocian con los mismos tipos de violencia. En primer lugar, se encontró una relación consistente entre las facetas antisocial y afectiva y la perpetración de VPI, tanto física como psicológica y sexual (Brassard et al., 2022; Cunha, Braga et al., 2021; Cunha et al., 2024). De forma específica, la faceta afectiva predice patrones de violencia instrumental, mientras que la faceta antisocial se vincula más con un tipo de violencia impulsiva (Plouffe et al., 2022; Sica et al., 2023; Sjödin et al., 2018). Estos patrones se alinean con los propuestos por otras investigaciones que asocian el factor 1 con perfiles instrumentales y de violencia planificada y el factor 2 con la violencia general reactiva y la impulsividad (Kennealy et al., 2010; Ojanen y Findley-Van Nostrand, 2019; Swogger et al., 2007), destacando la importancia de distinguir las facetas de psicopatía para comprender los mecanismos subyacentes a la VPI. Una posible explicación de dichos efectos diferenciales podría hallarse en los mecanismos psicofisiológicos. Babcock y Michonski (2019) demostraron que la psicopatía primaria se asocia con hipoactivación emocional, favoreciendo la violencia instrumental, mientras que la secundaria se vincula a una hiperreactividad emocional compatible con la violencia reactiva, replicando parcialmente lo hallado por Armenti y Babcock (2018) sobre la moderación de la empatía afectiva.
Algunos autores plantean que los agresores de pareja constituyen un perfil específico dentro de los delincuentes violentos (Espinosa-Gárate et al., 2025; Suevos-Rodríguez et al., 2026). Fox et al. (2022) encontraron que la dimensión interpersonal distingue a estos de otros delincuentes, sugiriendo una violencia más planificada, carente de inhibiciones emocionales o morales y estable, lo que representa un factor de riesgo prospectivo para la VPI. Esto coincide con los hallazgos de Halty et al. (2023) sobre la violencia letal y con los modelos factoriales específicos propuestos por Gómez et al (2021), quienes identifican variables como la impulsividad, la versatilidad criminal y la falta de empatía como predictores robustos de la violencia severa.
Respecto a factores contextuales, variables como la exposición a violencia interparental en la infancia o contra la mujer por parte de la pareja (Cunha et al., 2024; Ríos Lechuga et al., 2024), violencia en el noviazgo (Arrojo et al., 2024) o trayectorias antisociales durante la adolescencia (Shaffer et al., 2021) se posicionan como predictores relevantes tanto de psicopatía como de VPI en la adultez. Además, variables como la impulsividad, los celos patológicos, consentimiento sexual (Gómez-Pulido et al., 2024) o factores del historial delictivo median la relación entre psicopatía y VPI, aportando nuevas vías explicativas (Brazil et al., 2023; Cunha, Pinheiro et al., 2021; Gómez et al., 2021).
Aunque no se planteaba como un objetivo específico, los hallazgos revelan un perfil diferencial en cuanto al género en la relación entre psicopatía y VPI. Si bien las muestras femeninas han sido menos estudiadas, se confirma que las mujeres perpetradoras tienden a presentar mayores niveles de psicopatía secundaria, mezquindad y control verbal (Brzozowski et al., 2021; Hoffmann y Verona, 2021), desafiando estereotipos previos de una violencia femenina puramente reactiva (Palumbo et al., 2020; Savard et al., 2015). Esto destaca la necesidad de incluir el género como moderador en futuras investigaciones, además de tener en cuenta patrones demográficos y posibles tendencias temporales (Gracia et al., 2025).
A pesar de los avances metodológicos respecto a trabajos anteriores, esta revisión no está exenta de limitaciones. En primer lugar, la mayoría de los estudios incluidos presentan diseños transversales, lo que impide establecer relaciones causales claras, trazar trayectorias evolutivas de la violencia u observar el desarrollo de rasgos psicopáticos. Además, la heterogeneidad en los instrumentos empleados para la evaluación de la psicopatía dificulta la comparación directa de resultados y puede llegar a introducir sesgos en la interpretación al trabajar con diferentes definiciones de las dimensiones de la psicopatía. A esto se añade las limitaciones existentes en la medición de la violencia, ya que muchos estudios se basan exclusivamente en autoinformes de los perpetradores, sin contrastar la información con las víctimas, lo que puede introducir sesgos de deseabilidad social y resultar en una subestimación o distorsión de las conductas violentas. Otra carencia es la escasa investigación sobre violencia sexual, económica (ver Pineda-Rojas et al., 2025) o coerción psicológica como formas específicas de VPI, pese a su creciente relevancia. Asimismo, la falta de medidas psicofisiológicas imposibilita conocer los mecanismos subyacentes a la conducta violenta. Por último, persiste una sobrerrepresentación de muestras masculinas y occidentales, lo que impide realizar investigaciones sobre diferencias de género y limita la generalización de los hallazgos.
Pese a estas limitaciones, los resultados presentan importantes repercusiones clínicas y forenses. Se subraya la necesidad de evaluar de manera diferenciada las facetas de la psicopatía, ya que pueden predecir patrones y severidades distintas de violencia, el riesgo de reincidencia e incluso facilitar la identificación de los perfiles agresores (Cunha, Pinheiro et al., 2021; Fox et al., 2022; Granda-Vivas y Moral-Jiménez, 2025; Halty et al., 2023). Esta diferenciación es clave para diseñar intervenciones adaptadas al perfil específico del agresor, aumentando así su eficacia. Los programas de tratamiento deberían ajustarse integrando estrategias específicas para manejar la impulsividad, desregulación emocional y desarrollo de habilidades interpersonales en psicopatía secundaria; y abordar las dinámicas de poder, control y manipulación que dificultan la alianza terapéutica en psicopatía primaria (Häkkänen-Nyholm, 2012; Savard et al., 2011). Además, los resultados apoyan el desarrollo de programas preventivos dirigidos a adolescentes expuestos a violencia familiar para mitigar la perpetuación intergeneracional de esta problemática. Por otro lado, se destaca la necesidad de considerar variables moduladoras como la empatía, la historia previa de abuso infantil, los celos o la impulsividad para mejorar la evaluación del riesgo de reincidencia y la eficacia de los programas de intervención. En esta línea, resulta necesario hacer un seguimiento a largo plazo tras el tratamiento, evaluando el riesgo de forma continua.
De cara a futuras investigaciones, resulta esencial suplir las limitaciones presentadas, incorporando diseños longitudinales para analizar trayectorias evolutivas. Asimismo, se requiere la inclusión de muestras femeninas y estudios comparativos por género, así como la investigación sobre los mecanismos subyacentes de la VPI, incluyendo modelos explicativos multifactoriales que consideren tanto variables de personalidad como factores históricos y contextuales. Por último, sería preciso incorporar la perspectiva de las víctimas y emplear medidas multimétodo para superar las limitaciones del autoinforme y avanzar hacia modelos explicativos más integrales. Estos hallazgos no solo enriquecen el conocimiento sobre el fenómeno, también brindan nuevas oportunidades para el diseño de intervenciones más humanas, sensibles y efectivas, además de ayudar a la realización de periciales (v. gr., Palomares-Rodríguez et al., 2024).
5. CONCLUSIONES.
La presente revisión trasciende la mera confirmación de una premisa teóricamente esperable, como es la asociación general entre rasgos psicopáticos y VPI. Su verdadera justificación y valor residen en las implicaciones prácticas y forenses derivadas de la diferenciación clínica entre las dimensiones de la psicopatía. Los hallazgos demuestran de forma crítica que el perfil del agresor no es homogéneo y, por tanto, el abordaje no puede ser estandarizado.
Adoptar un enfoque multifactorial y diferenciar entre una violencia proactiva, instrumental y coercitiva (propia de la psicopatía primaria o Factor 1) y una agresión reactiva, impulsiva y desregulada (característica de la psicopatía secundaria o Factor 2) resulta de especial interés. Por un lado, aquellos perpetradores con predominancia de psicopatía primaria —vinculada al control coercitivo, la manipulación y una potencial falsa alianza terapéutica— requieren estrategias volcadas fundamentalmente en la contención estricta y el manejo objetivo del riesgo. Por otro lado, un perfil dominado por la psicopatía secundaria —caracterizado por alta reactividad y un estilo de vida inestable— demanda intervenciones intensivas centradas en la regulación emocional y el control de la impulsividad.
En definitiva, el análisis dimensional de la psicopatía no constituye únicamente un refinamiento teórico, sino el pilar fundamental para perfeccionar las herramientas de evaluación del riesgo. Además, nos permitirá optimizar la toma de decisiones penitenciarias y diseñar intervenciones más eficaces, sensibles a cada perfil y verdaderamente orientadas a la reducción de la reincidencia.
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